Reiki

No se deje abatir por la tristeza, los dolores como todas las cosas tienen su tiempo y estos terminan. Desde 1987 me dedico también a la sanación por imposición de manos. No puedo garantizarle la eliminación de una enfermedad, pero el cliente que acude a mi consulta obtiene un alivio a través de mis manos y del bálsamo que empleo.

reiki-sanacion-manosPara entender el reiki o sanación con las manos, primero debemos remitirnos a lo que es el aura. El aura o cuerpo etéreo es un depósito de energía para la vida que se manifiesta como un sutil resplandor, cuya tarea es mantener la armonía del organismo; es decir, regular el flujo de la energía a través del cuerpo y ofrecer un soporte para los órganos.

Sin embargo, cuando esta energía se ve alterada o pierde su equilibrio, el cuerpo puede ser atacado por diversos trastornos y enfermedades. La sanación con las manos consiste en la aplicación directa de las manos para relajar y consolar, pero también para curar y otorgar bienestar a la persona objeto de tal aplicación, por medio de la energía espiritual. Cualquier persona tiene la facultad curativa del reiki, si bien algunas logran desarrollar y utilizar este poder de manera especial. Pero vale aclarar que con esta afirmación no estoy recomendando a los enfermos que busquen la solución de sus males en esta práctica, especialmente si no se encuentran iniciados en ella. Por ello, recomiendo al lector que, en caso de dolencia, se dirija siempre en primera instancia a un médico capacitado para conseguir un diagnóstico y seguir un tratamiento. La sanación con las manos constituye una recomendable terapia paralela.

La Enfermedad

Algunos de los sanadores más destacados de esta práctica milenaria, declaran su absoluto convencimiento de que la enfermedad es un recurso inconsciente de la mente para buscar la muerte, a medida que va perdiendo los ánimos de vivir. Por ende, nadie se muere, sino que busca morir. Y para estas personas, la enfermedad se convertiría en una herramienta para conseguir su propósito.

A inicios del siglo XIX (19) se dio a conocer la naturaleza magnética de los seres vivos; este hecho, que en la India constituye una filosofía de vida, en el mundo occidental causó una gran conmoción; sin embargo, para oriente, nosotros sólo dimos un paso más en la senda del conocimiento de la energía espiritual.

La energía, de la naturaleza que sea, que los cuerpos celestes irradian es percibida por la Tierra y los seres vivos, pero también por las piedras; de allí deviene la cualidad de ciertos minerales, en especial los cristales, los cuales almacenan y dirigen la energía hacia los seres vivos. El efluvio magnético del cristal penetra por la piel y alivia la enfermedad, por lo que este tipo de mineral se ha convertido en una útil herramienta del sanador durante el proceso curativo.

A partir de los experimentos, surgieron dos posturas con respecto a la energía magnética:

Los animistas, quienes declaraban que las curaciones se debían a la profunda fe de los enfermos (es decir, al poder de la sugestión).
Los fluidistas, quienes aceptaban la existencia del fluido magnético.

Los Chakras

chakrasAl recibir la energía, el cuerpo enfermo utiliza sus canales internos y la dirige hacia donde le hace falta; por tal motivo, el sanador muchas veces no llega a conocer el origen del desequilibrio o qué zona del cuerpo está sanando. Esta sanación depende en gran medida del poder de absorción de energía por parte de los chakras, por ende, la mayor parte del trabajo de curar con las manos se concentrará en estos puntos del cuerpo humano.

Los chakras son centros de energía establecidos en siete niveles, alineados en base a la columna vertebral y por los que se puede inducir al cuerpo de un enfermo a restablecer su energía. La ubicación y función de estos siete chakras es la siguiente:

La base de la columna vertebral, cerca del ano. Este chakra se vincula a las glándulas genitales, es decir, los testículos y ovarios.

La zona umbilical. La mayoría de los pueblos orientales coinciden en afirmar que este chakra concentra la mayor cantidad de energía vital. En Japón, este punto recibe el nombre de “hara”, y es considerado el más potente irradiador de la fuerza.

El bazo. Vinculado a las glándulas suprarrenales.

A nivel del corazón. Este es uno de los chakras a los que los sanadores recurren con mayor frecuencia. El músculo cardíaco despliega un enorme caudal de energía.

Sobre la garganta. Este chakra se encuentra vinculado a la glándula tiroides.

En el entrecejo. Conocido también como “el tercer ojo”, se vincula con la glándula pituitaria.

En la zona alta del cráneo. Vinculado con la glándula pineal, este chakra implica canales de energía cósmica con el cuerpo y unión con la divinidad.

Los siete chakras se comunican mediante un sistema de canales que discurren a lo largo de la columna vertebral, cuya naturaleza aún no ha sido desvelada por completo. Las culturas orientales, como la India, llevan milenios utilizando esta corriente energética, pero en Occidente todavía se observa el cuerpo humano como un objeto mecánico, sin concebir ni tratar su energía espiritual.

Los chakras resultan de un fenómeno magnético conocido como polaridad, que en el caso del ser humano, establece su eje a lo largo de la columna vertebral; de esta polaridad nace el hecho de que el espíritu se manifieste en el chakra más alto, es decir, en la corona de la cabeza, y que la materia, en su forma más densa, se manifieste en el chakra de la raíz. Entre estos dos polos existen cinco etapas intermedias, que ganan densidad conforme la fuerza de la vida desciende por la columna vertebral, hasta llegar a su involución en la materia.

Debido a que la vibración se vincula con los colores y el sonido, cada uno se relacionará con un color y un tipo de sonido o nota musical; de este modo, a medida que los chakras (o vórtices) van descendiendo y ganando densidad, su vibración se hace más lenta y sus sonidos son más graves. La tradición hindú establece las siguientes vibraciones de los vórtices, de modo ascendente, desde la raíz hasta la corona: 4, 6, 10, 12, 16, 96, 960.

El del centro raíz: ubicado en la base de la columna vertebral, le corresponden las glándulas de los ovarios y los testículos. Las energías que se manifiestan en este punto han alcanzado su más bajo nivel vibratorio. En términos de sonido, podríamos decir que este chakra representa la nota más grave. El elemento es la tierra, por lo que nos otorga solidez, sensación de seguridad y estabilidad. Cuando nos sentimos inseguros o nerviosos, las corrientes vitales dejan de fluir por este centro energético.

El de la raíz rige las partes más sólidas de nuestro cuerpo (los huesos, los dientes, las uñas) y se vincula con el sentido del olfato. De allí se desprende el hecho de que las criaturas cercanas a la tierra posean un desarrollado sentido del olfato.

El del centro sacral: ubicado a la altura del ombligo, a nivel del sacro. Para muchos pueblos orientales, esta área concentra la mayor energía. Éste se asocia con el nivel del gusto y su elemento es el agua.

El del centro solar: se ubica sobre el área del plexo solar y su centro de poder son las glándulas suprarrenales. Su elemento es el fuego y se vincula con sentimientos de calidez y jovialidad. De éste deriva el sentido de la vista, pues sólo es posible ver gracias al fuego.

El del centro del corazón: se ubica a nivel del esternón, y es uno a los que los sanadores recurren con mayor frecuencia. Este punto es el centro de sentimientos de animosidad, movilidad y ligereza, y su elemento es el aire. De éste se deriva el sentido del tacto.

El del centro de la garganta: su centro de poder es la glándula tiroides, y se vincula con la sensación que percibimos del espacio. Su elemento es el éter, y de él se deriva el sentido del oído.

El del centro de las cejas: llamado también “el tercer ojo”, tiene su poder en la glándula pituitaria. Su función queda descrita por su nombre en sánscrito, Ajna (“mando”). En éste se manifiesta la mente y por ella controlamos la personalidad; es la sede del poder del pensamiento, que es tan poderoso que se materializa a través del éter. Por ello, nos convertimos en lo que pensamos.

El del centro de la corona: el último y menos denso se sitúa en la parte más alta de la cabeza y se vincula con los canales de energía cósmica en el cuerpo. Su centro de poder es la glándula pineal y posee la mayor vibración de energía.

Una vez que tenemos presente que el espíritu se manifiesta en el último chakra, situado en lo alto de la cabeza, pasamos al de la mente y del pensamiento. A continuación, viene el del cuerpo, sede del éter, del cual se derivan los cuatro elementos inferiores: aire, fuego, agua y tierra, y que luego regresan a él.

Los alquimistas observaron que cada uno se diferencia únicamente en su nivel de vibración, por lo que resultó lógico concluir que un nivel puede transmutarse en otro al cambiar el ritmo de vibración. Así, la alquimia esotérica se centra en la meta de refinar la consciencia del hombre y activar los vórtices, y que el último de ellos alcance un estado de pureza como el oro en cuanto a consciencia espiritual.

¿Cómo es posible que el curso y navegación de los planetas afecte la vida de los seres humanos? ¿Existe alguna correspondencia entre el Zodíaco del Universo y el llamado Zodíaco interno? Debemos tener en cuenta que la verdadera influencia sólo puede darse a través de la vibración, por lo que las influencias planetarias sólo se hacen efectivas sobre el sistema humano a través de estos vórtices de energía.

Cuando nacemos, entramos en el flujo del devenir, y ese punto por donde ingresamos marca la forma de nuestra alma encarnada, establece las experiencias que esta alma requiere para pasar este estado de evolución. Por ello, un conocimiento adecuado de la astrología nos puede ayudar a predecir los acontecimientos que rodearán a una determinada encarnación e incluso, señalar nuestras futuras encarnaciones y bajo qué signos se producirán.

El hombre constituye un magneto cuadripolar que sigue las leyes de la electricidad y magnetismo, debido a que ciertamente, el organismo alberga una corriente de voltaje eléctrico. El aura es un campo magnético generado por la polaridad entre el chakra de la corona y el de la raíz, y se manifiesta como una luz de un espesor no mayor de doce o quince milímetros; constituye un depósito de energía vital y mantiene la armonía en el organismo.

Cada uno constituye por sí un vórtice de energía que gira debido a la acción de dos corrientes opuestas: una positiva y otra negativa. Si durante el cruce de estas dos corrientes, la energía positiva es dominante, el vórtice girará en la dirección correcta. A su vez, la energía de este chakra fluirá hacia fuera o hacia adentro, dependiendo de su giro. Cuando la energía fluye hacia fuera tenemos la experiencia de actividad y acción; cuando la energía fluye hacia dentro, tenemos la experiencia de sensación. Así, en cada uno albergamos la sensación por cada sentido y cinco órganos de acción.

Esta corriente de energía es el aliento, y es por ello que la respiración posee tal importancia. La respiración predomina siempre a través de una de las ventanas de la nariz, y esta alternancia produce el flujo de las corrientes energéticas y el giro de los chakras. Sin embargo, el aliento humano no suele estar en sincronía con el Gran Aliento; lograr esta alineación equivale a identificar nuestro ser individual con el del ser Universal.

El flujo de vibraciones cambiantes es conocido como mareas táttwicas, y tiene correspondencia con el del flujo de las mareas táttwicas del Universo. En el cosmos, este flujo se observa en el sistema planetario, en el Zodíaco, en las estaciones; en el sistema humano también se ve este flujo con los cambios zodiacales, estacionales y lunares. Y es debido a este flujo de energías, reflejadas una en la otra, que podemos calcular los acontecimientos futuros.

Los flujos de energía positiva y negativa se encuentran sujetos a las leyes de los contrarios; es decir, que lo igual repele a lo igual y lo opuesto atrae a lo opuesto. De este modo, cada tattwa es el resultado de la interacción entre estas dos energías.

La ciencia de abrir los chakras se basa en la postura y la respiración, ambas prácticas llevadas y entendidas en su sentido más amplio. Cuando hablamos de postura, me refiero también a la actitud que la persona adquiere frente a la vida, por lo que este concepto se extiende hasta abarcar no sólo el ámbito físico, sino también el mental. En cuanto a la respiración, podemos entenderla no sólo como el intercambio de gases a nivel orgánico, sino también como el fluir de la energía entre los polos de materia y espíritu.

El yoga, con la utilización de sus diversas posturas y el control de la respiración, tiene por objetivo primordial el desbloquear estos vórtices y la energía que el ser humano guarda en su interior, en busca de un equilibrio que permita que la consciencia ascienda a un estado superior. Los ejercicios de estiramiento y torsión a nivel de la columna vertebral propios del yoga promueven el flujo de la energía por el sistema. Otra importante categoría de ejercicios de yoga se compone de prácticas que promueven el equilibrio, pues con él se aprende a controlar y equilibrar a su vez las energías positivas y negativas de nuestro sistema.

Los Otros Sentidos

Hasta hoy en día, la creencia generalizada es que nuestro cuerpo consta de cinco sentidos diferenciados, y no nos hemos dado cuenta de que para captar la realidad material, necesitamos una percepción más especializada. Y aunque nunca los hayamos discriminado o conceptualizado como tales, ya se han registrado casi veinte sentidos, mayormente relacionados y atribuidos al tacto y a las manos. Entre los sentidos vinculados estrictamente a percibir lo material podemos destacar la sensación de dolor, que discurre por una vía muy propia de la médula espinal, de forma tan independiente, que si este canal fuese bloqueado, no afectaría en nada a sentidos como la temperatura o la sensibilidad térmica, por ejemplo. El sentido de lo vibratorio se denomina palestecia; la esterognosia es la facultad de conocer la forma o el tamaño de un objeto por medio de la palpación. La baestecia nos permite calcular el peso.

El Reiki como Práctica Sobrenatural

Para ser considerada sobrenatural, una sanación a través de reiki debe cumplir tres condiciones:

Pruebas de que previamente el tejido haya sufrido una alteración grave, con pérdida de sustancia.

Evidencia de que este mismo tejido haya cicatrizado de manera instantánea o en todo caso, durante un plazo excesivamente corto para ser considerado normal.

Su carácter absoluto; es decir, que la curación y el restablecimiento de las funciones queden normalizados de forma permanente.

La Sanación con las Manos

La práctica deviene de la sanación espiritual que practicamos en nosotros mismos cuando, de manera instintiva, llevamos una mano a la parte herida o dolorida del cuerpo de una persona o animal, en un intento inconsciente y automático de compensar la pérdida de energía que allí se ha dado. Y es innegable que esta práctica tiene la facultad de disminuir o calmar el dolor.

El sanador puede ser descrito como el artesano con métodos desconocidos (frecuentemente hasta por él mismo), que se dedica a restaurar el equilibrio energético del cuerpo enfermo o incluso, mediante la transmisión de su propia energía espiritual. Siendo este acto espiritual un intrínseco acto de amor, ningún sanador puede utilizar este don en aras únicamente del beneficio económico. Cierto, los sanadores tienen que comer, pero en el caso de que sus acciones estén movidas únicamente por el ansia pecuniaria, este don se le atrofiará, algunas veces de forma permanente. De ello también se deriva que un sanador no pueda utilizar su don para curarse a sí mismo.

La energía espiritual del sanador se encuentra más desarrollada que la del común de las personas debido a dos motivos:

Que la naturaleza de su energía suele ser más vibrante.

Al hecho de que esta energía es susceptible a desarrollarse con el tiempo y la utilización, es decir, que un sanador con mayor experiencia, probablemente tenga este don más desarrollado que aquellos que se encuentran iniciándose en la práctica.

La energía de sanación con las manos puede quedar impregnada en una tela, un papel y en diversos materiales, y tras ser colocada sobre la zona doliente, puede curar con efectividad a un enfermo. Un ejemplo célebre lo puede constituir el manto sagrado.

Los poderes más efectivos e impresionantes de reiki suelen hallarse concentrados en las manos. Es con la utilización directa de las manos que el sanador alcanza sus facultades máximas, logrando, en ocasiones, “mirar” con la yema de los dedos o con el centro de la palma de la mano, el interior del cuerpo humano y percibir una afección (gracias a lo cual se logra un efectivo y nada invasivo diagnóstico). Tal desarrollo del poder tiene también la facultad de irradiar una energía de intensidad tal, que logra detener de modo inmediato el dolor del enfermo.

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